El instinto de la seducción (2 parte)
Los cerebros de la mujer y del hombre, no se comunican de igual forma, el hombre tiene la percepción del espacio más desarrollada y se le da mucha importancia a los estímulos visuales, de ahí que un hombre sepa estacionar, en general, mejor un vehículo. La mujer tiene el hemisferio donde se alberga el lenguaje, mejor comunicado con los otros hemisferios, hecho que provoca que la mujer sepa dar el tono correcto según tipo de conversación y no actúe sin pensar. En la actualidad, la labia que derrocha el hombre tan solo es una estrategia, la mujer, en cambio, es más sutil y al tener el don de la palabra, se desenvuelve con más naturalidad, aunque las dos tácticas (aunque una menos fingida que la otra), dan resultados similares. En el siglo XXI, tanto hombres como mujeres utilizan las facciones corporales, como arma de seducción. El rostro es el centro de la gesticulación, a través de nuestras miradas, de nuestros labios entreabiertos o cuando arqueamos las cejas, estamos seduciendo con la comunicación no verbal, pero esa misma comunicación es lo que desencadena los malentendidos en las relaciones humanas y entonces todo el juego de la seducción lo echamos a perder. Por ejemplo, los animales enseñan los dientes para defenderse de sus depredadores y los humanos, utilizamos la sonrisa para demostrar interés, aprobar algo o simplemente por el placer de reír. Hemos creído que el sexo era la base del arte de seducir, pero no es así, el sexo sólo es la última parte de todo este juego y no siempre es el fin ni un medio para conseguir seducir, porque la mayoría de los humanos nos dejamos llevar por los instintos pasionales (que tan poco le gustaban a Platón), pero quien seduce, por lo general, es porque desea a alguien y los deseos son caprichosos y cuando hemos conseguido saciarnos con nuestro objetivo, perdemos todo interés por él, como un niño que deja sus juguetes viejos por un Action Man nuevo.
Así es que podemos deducir que la seducción puede ser un juego de niños como aquél que dice o el lado más caprichoso del ser humano.
En conclusión, hombres y mujeres somos muy diferentes tanto psicológicamente como biológicamente, como está demostrado científicamente, así, los hombres tienen más testosterona y eso les hace ser más viriles involuntariamente, y les hace ser "peores" jugadores en el juego de la seducción. Aunque como los caminos de la seducción son tan diversos, ancha es Castilla y los juegos tienen reglas y las reglas están para incumplirse ¿no creéis?



LIMA dijo
Y DONDE ESTA LA SEDUCCION
19 Septiembre 2009 | 06:07 PM